miércoles, 28 de noviembre de 2012

Mas

Para que no se pierdan entre los ya leidos, lo que vaya llegando nuevo (aparte de los comentarios que pueden aparecer en cada post, como los de María en el anterior), lo voy a incluir en un nuevo post:



       PARA PIEDAD, HERMANA M ÁS JOVEN DE LA FAMILIA
         FERNÁNDEZ RESA
        25 de noviembre de 2012

   Debido a la eclosión – toma palabrita para empezar, aunque no es demasiado apropiada- y a una más de las iniciativas locas del cuñado Gerardo, heme aquí empujado a escribir algo para mi hermana Piedad, en su sesenta cumpleaños.
   Y ya, desde el principio, me asaltan las dudas sobre el tono que debe predominar en estos escritos: ¿ Deben ser motivo para el elogio y el panegírico del homenajeado? ¿O han de contener referencias emocionales que nos hagan brotar las lágrimas? ¿ O deben aparecer aspectos humorísticos que hagan aflorar la sonrisa del interesado y de los lectores del blog?
   Tras este preludio ( palabra musical digna de una melómana – nada que ver con melones-), pongamos manos a la obra y veremos por cuál de los tres derroteros expuestos salimos.
   Así pues, hermana Piedad Antonia, Piedantonia, Piedad, Piete o algún día tal vez Pi: Algo debo escribirte para participar en los recuerdos que siempre tendrás de esta fecha. Hoy cumples sesenta años y, pensando en esa cifra, resulta sorprendente que ni uno solo de esos años los hayamos vividos juntos bajo el mismo techo. Dos meses antes de tu primer cumpleaños yo me iba a Uclés para estudiar y ya nunca coincidimos 365 días en la casa familiar.
   Por esta razón nuestra relación de hermanos siempre ha sido de cortos tiempos juntos, o en verano o en fines de semana hasta la casi finalización de tus estudios, y con posterioridad de encuentros por celebraciones con abrazos, emociones, alegrías, alguna lagrimilla y muchos más sentimientos. ( A alguno de esos encuentros yo acudía con un “cochecillo”, pero con inmensas ganas de abrazar a los hermanos; es broma)
   Conservo, pues, pocos recuerdos muy vivos, además la memoria se ha ido deteriorando con el paso del tiempo, de tus años de bebé o de tu niñez, si no es el de una cuerda sujeta a una cuna que yo mecía tumbado en la cama de los padres, y recuerdo algunos viajes contigo y Mari Juli en el carrillo de los cántaros para recoger salvado o grano para las gallinas en la fábrica de harinas.
   Y guardo en mi memoria la fiesta del cante de misa de Augusto, en la que tú, más muñeca que niña, formabas parte de un maravilloso triángulo de celebraciones, aunque fueras el lado menos importante.
   Y veo tu carita y la de Mari, tristes, apagadas, casi sin saber qué estabais viviendo, cuando la muerte de madre, con solo diez años. Ahí empezaste tus estudios, tu relación con la madre Sánchez, a la que hubo que dar algún toque de atención, y tus magníficas notas, salpicadas con algún extraño suspenso, durante tu época de exámenes por libre.
   Tras la muerte de padre, tu estancia en Madrid en residencias y con la tía Carmen y Mari para tus estudios finales de Bachillerato y la carrera; en esas fechas Margarita y yo nos casamos y nos asentamos en Landete, adonde acudías algún verano para pasar algunos días con nosotros. Tal vez debía haber estado más a tu lado en aquellos años, si bien la distancia y la diferencia de edad lo hacían difícil. Y buscando el lado simpático de las cosas y recordando Landete debo confesar que no me porté como el hermano defensor de la hermana más pequeña; y lo digo porque en aquellas épocas de los setenta el orden social pedía que un hermano mayor estuviera al tanto de los “pretendientes” que se acercaban a las hermanas menores, pero yo, además de poner en tu camino a Gerardo en Tresjuncos, no le pregunté nunca “ si iba con buenas intenciones” ni le di el visto bueno y lo recibimos con la mejor acogida posible, hasta el punto de que os casasteis sin haber terminado tu carrera y yo fui el padrino de vuestra boda; menos mal que Gerardo ha salido de buena calidad y puedo perdonarme el fallo.
   Para terminar debo resaltar en ti no la cualidad de la inteligencia – siempre hemos dicho que eres la más lista de la familia- sino tu “fuerza” para con tan pocos años y con tu siempre cara de niña afrontar la dificultad de criar a dos niños a la vez, con la ayuda de Gerardo, y tu “fuerza” para vivir tu enfermedad en este último año y medio.
   Gracias, hermana, por darnos esa lección, que todo te vaya bonito y que tu sesenta cumpleaños sea el comienzo de toda una vida de felicidad y paz que tanto te mereces.
  Un beso y un abrazo muy fuertes y muy largos.

               Tu hermano Enrique


P.D. Esto fue escrito el día 24 de noviembre, pero problemas con el ordenador me ha impedido enviarlo antes. Además, como lo estoy haciendo con el portátil, no tengo posibilidad de mandar alguna foto, como hubiera sido mi deseo.
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